Entrevista a Pablo Ardissone*

Ana Mello. Pablo ¿Cómo describís el año 2020?

P.A. Es una pregunta que te ofrece una diversidad de respuestas, según desde donde te sitúes, pero quizás la palabra que es transversal a todos los ámbitos es INOLVIDABLE y yo le agrego otra, OJALÁ IRREPETIBLE. Un año tan complejo, que todo lo planificado a largo plazo no sirvió de nada, un año que nos enseñó a adaptarnos a una velocidad que antes desconocíamos.  Muchos de los resultados a nivel humano y económico ya los estamos viviendo. Los otros, como el saber a nivel personal qué conductas fueron modificadas, llevara más tiempo y lo podremos ver y dimensionar en unos años.

Un año que podríamos describirla como el despertar abrupto justo cuando empezábamos a disfrutar de un placentero sueño.

A.M. Hablando del Arlequín Teatro y de las salas privadas de teatro en Asunción, en general, ¿En qué situación se encuentran?

P.A. Las privadas “teete”, o sea, los que gestionamos las salas que de verdad dependen únicamente de lo que se genera de ingreso por boletería para sostener la estructura lo hemos pasado muy muy mal. Por eso que no me canso de repetir que si desde Arlequín Teatro nos guiáramos solamente por una lógica administrativa, al menos hoy sería simplemente una historia que duró los 38 años que cumplimos en mayo pasado.

Porque ya veníamos de un 2019 muy difícil que, aunque suene contradictorio, hoy extrañamos y sobre ese complicado año se nos sumó el pandémico 2020 para tratar de darnos un golpe de nocaut. Hoy nos gana por puntos, pero la pelea aún no terminó. Y sin dudas seguiremos dando batallas, pero tenemos que reconocer que más que nunca se instaló el miedo y la angustia se convirtió en compañera de todos los días.

A.M. ¿Las ayudas estatales fueron oportunas y suficientes? ¿Qué te parece que faltó?

P.A. Aquí creo que cabría preguntarse primero. ¿Hubo algún tipo de ayuda? Como es obvio las instituciones no fueron directamente favorecidas con fondos ni otro tipo de beneficios. Por un lado, es lógico que se privilegie a las personas, pero las instituciones culturales privadas también están conformadas por personas, en nuestro caso están involucradas en el día a día del teatro unas 10 personas, que tuvieron que parar, además si contabilizamos a aquellas personas que están involucradas en los proyectos, podemos decir en un recuento rápido que este año han dejado de trabajar con nosotros unas 60 personas de manera directa, además que esas personas el día de mañana van a tener que contar con un espacio en el cual realizar sus trabajos artísticos.

Lastimosamente no hemos tenido, al menos dentro de lo que yo hubiese esperado, un mayor acercamiento de las instituciones que por su naturaleza son compatibles. Si bien es cierto que se establecieron fondos concursables que sirvieron de oxígeno, pero en cuestiones más sustentables no se ha podido avanzar.  Pero como elemento destacable puedo mencionar que entre varias salas hemos podido intercambiar pareceres y unificar algunos criterios para estos tiempos.

A.M. En este contexto hubo como una explosión de espectáculos virtuales, algunas muy importantes para la historia teatral, como la puesta de Las Troyanas, del Arlequín Teatro, que tuvo un gran impacto de audiencia en las plataformas. ¿Cómo viste las propuestas virtuales? ¿Hubo mucha o poca creatividad según tu criterio?

P.A. Sin dudas que la proyección de Las troyanas tuvo un gran impacto, por la calidad del registro además de la calidad de la puesta y del elenco en general. En cuanto a las propuestas virtuales en general, en algún momento del año hubo sí como una explosión de ofertas, Tuve la oportunidad de ver muchas de las propuestas y siento que todavía nos queda como mucho camino que transitar, sobre todo a nivel técnico, es un lenguaje que técnicamente todavía nos complica, en especial por el costo que tiene hacer un buen registro audiovisual de nuestros espectáculos.

Igualmente he podido conversar con varios compañeros que también intentaron hacer de esta virtualidad una experiencia económicamente sustentable y la mayoría de los resultados no han sido buenos. Eso no implica que no lo sea a largo plazo, donde quizás logremos contar con una plataforma interesante para poder darle vida a las puestas luego de su presentación en las salas, pero la inversión que hay que hacer para que la experiencia del público sea placentera es alto y hoy no tiene el retorno que creo válido.

Quizás con las nuevas plataformas que se han creado y otras que estarán activas a corto plazo ese camino se pueda transitar más rápido. Pero no reemplazará nunca a esa experiencia de ver a seres de carne y hueso llevándonos a través de una historia, que es la esencia del teatro o de cualquier espectáculo en vivo.

A.M. En tu calidad de docente, ¿Podés comentar cómo fue la experiencia de la educación artística en la modalidad virtual?

P.A. En el Instituto Superior de Bellas Artes (ISBA) que es donde me desenvuelvo en ese ámbito, el desafío como en todos los demás rubros fue enorme porque en muy poco tiempo y sin los recursos suficientes tuvimos que lograr que una carrera que cuenta con algunas materias intrínsecamente presenciales pueda ser desarrolladas de manera virtual.

Se buscaron alternativas tecnológicas y pedagógicas para poder cumplir con lo establecido. En la gran mayoría de los casos las metas se han cumplido. Igualmente están planificadas varias estrategias para que en el 2021 existan espacios de retroalimentación y refuerzo de lo dado en el 2020.

Este cambio supuso a estudiantes y docentes un reto enorme, que como en la mayoría de los ámbitos externos inclusive a la educación, solo pueden ser abordados y superados con una buena dosis de empatía, templanza, amor, en síntesis, con personas resilientes.

Finalmente, quiero enfatizar que esta capacidad de resiliencia es indispensable para poder desarrollarse como persona y profesional y que en este 2020 fue fundamental.

*Pablo Ardissone, actor, director y docente de teatro.

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