La desidia cultural y su protagónico en la pandemia

La desidia cultural y su protagónico en la pandemia

LA DESIDIA CULTURAL Y SU PROTAGÓNICO EN LA PANDEMIA

Por Martín Pizzichini*

 

“Lo dejaban todo al azar y el azar no tiene miramientos con nadie.”

Albert Camus -La Peste-

 

En las crisis, en cualquiera de sus manifestaciones, existen personas o grupos beneficiados y otros perjudicados por ellas. Y debemos pensar que las crisis también tienen una durabilidad que está determinada a los intereses de quienes se benefician. Este grupo tratará de estirarla lo más que pueda, llevarla al límite, y es probable que este mismo grupo sea el que se muestre más dispuesto a combatirla, y lo hará, una vez que sus posibilidades de lucro estén extintas dentro de esa crisis. ¿Qué es lo terrible, la pandemia o cómo se gestionó la misma? ¿Quiénes se perjudicaron y quiénes se beneficiaron? ¿Es verdad que somos todos iguales ante la peste?

Claramente, entre los más perjudicados por la pandemia están los artistas, y particularmente los artistas escénicos, quienes viven -principalmente- de la taquilla. El rito teatral, por ejemplo, sólo es posible cuando se da el encuentro entre actriz/actor y público, en un mismo tiempo y espacio. Si una de esas dos partes que hacen al hecho teatral no están presente en ese aquí y ahora, no hay teatro; puede haber registro, escenario, luces, puede haber actuación, pero el teatro habrá desaparecido. Y eso fue lo que sucedió durante los primeros 7 meses de pandemia tras la disposición del Ejecutivo al declarar la cuarentena. El teatro -entre otras artes- ha sido el primer sector en parar y fue el último en reactivarse, con la aclaración de que dicha reactivación aún es parcial, con limitaciones.

Esta situación tan sensible y crítica, ha dejado al descubierto el poco valor que tiene para la clase política y la clase dominante del país la cultura. Más allá de los discursos populistas que se dieron en el Senado al momento de tratarse la ley de subsidio para artistas, más allá de eso, poco y nada se ha hecho por ellos. Es más, el Centro Cultural El Cabildo dependiente del Senado, ha sido el gran ausente en esta pandemia. No ha existido una política pública por parte de esa entidad que ayude a paliar esta crisis. La desidia para con el sector cultural ha sido una decisión política y a lo largo de estos 10 meses han demostrado que para ellos la cultura es un factor secundario, innecesario para el desarrollo del país. La desidia estatal, tan amiga del azar y del sálvese quien pueda, con su acción ha arrastrado a muchos artistas a situaciones límites, no sólo económica, sino también psicológica. De ahí que la palabra “reinventarse” cobró tanto sentido en el sector durante la pandemia, porque ha sido dejado librado al azar y con necesidades de extremar creatividades y recursos para resistir con alguna actividad productiva que permitiera sostener el día a día, con alguna dignidad.

Mucho ha hecho la comunidad teatral para seguir adelante en plena pandemia. La autogestión, la solidaridad, el cuidado del otro ha sido fundamental para sobrellevar el año, donde la reinvención llevó a los artistas a gestionar kits de alimentos, impulsar leyes, incursionar en el teatro online, en el auto teatro, hasta en fiestas en instagran live, a incorporar nuevos oficios, como servicios de limpieza, electricidad, albañilería, transporte de cargas, mudanzas,  venta de verduras, artesanías, plantas, ordenar espacios, dar talleres por zoom, vender de todo en ferias de garage, incorporar el trueque, en fin, de todo en nombre de la reinvención, eufemismo utilizado para no mencionar la precarización y autoexplotación hasta más no poder.

En fin, esta mirada retrospectiva la hacemos para poder pensar el 2021, que seguirá siendo un año pandémico, que nos seguirá manteniendo en la incertidumbre, pero por suerte, llegamos con mucha experiencia del 2020, nos hemos convertido en equilibristas, con mucha mayor capacidad de adaptación y herramientas para hacer frente a las demandas que nos presentará el año a cada profesional del sector, sobrevivientes de este 2020 atípico y en muchos momentos desolador.

Pero estos desafíos requieren de institucionalidades culturales que nos den mínimas condiciones para seguir creando cultura desde nuestro oficio artístico, por ello, van aquí algunas preguntas que tal vez debamos responder en las calles: ¿Dónde están anunciadas las políticas culturales para la reactivación del sector luego de un año sin trabajo? ¿Cómo es posible que una institución como el Centro Cultural El Cabildo, se haya borrado durante la crisis sanitaria más importante de los últimos 100 años? ¿Margarita Morselli, Angie Duarte, Rubén Capdevila, estuvieron a la altura de lo que les exigió la pandemia? ¿Cuáles serán las respuestas a las necesidades del sector desde la Municipalidad de Asunción? ¿Cuáles serán las respuestas de las Gobernaciones y Municipalidades? ¿Más recortes? ¿Tendremos que hincar las rodillas al piso y clavar la mirada al cielo rogando que las artes escénicas sean tenidas en cuenta en sus “disposiciones presupuestarias”? ¿Por qué la SNC dispuso el total del recorte del PGN en el Rubro 800? ¿Cómo es posible que de más de 12.000 artistas sólo hayan accedido al subsidio menos de 3.500? ¿Con qué criterios el Ministerio de Hacienda excluyó al 70% de artistas del subsidio? ¿La desidia es la política cultural para el Paraguay?

Si desde el Estado (pensado en termino de gobiernos) han dejado el sector cultural al azar, será responsabilidad de ese sector que el azar se vuelva contra ellos, y desde allí garantizar derechos básicos y fundamentales para quienes crean y gestionan -trabajan- la cultura del Paraguay.

 

*Martín Pizzichini. Iluminador Escénico. Secretario de Formación Sindical Centro Paraguayo de Teatro.

Gustavo Machado, ABC Color

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