Teatro a cooperativa ¿Oportunidad o precarización?

Teatro a cooperativa ¿Oportunidad o precarización?

TEATRO A COOPERATIVA ¿OPORTUNIDAD O PRECARIZACIÓN?

por Martín Pizzichini*

Parte 1

En el teatro paraguayo, o al menos en el asunceno, está instalado un modo de trabajo al que llaman “teatro a cooperativa”, que más que ser una opción para que cada día haya más producciones profesionales y por ende más trabajo, es una nueva forma de precarización laboral para las actrices y actores.

En este primer artículo, trataremos de aproximarnos a la esencia de esta modalidad de trabajo para no quedar encallados en la apariencia, la cual, suele ocultar cuestiones leoninas en ropaje de corderos.

Lo primero a señalar, es que una cooperativa es un grupo de personas que se asocian a fin de resolver alguna necesidad en común mediante una empresa conjunta. Por lo tanto, si la producción o el proyecto teatral, nace como necesidad de una sola persona para realizar su proyecto como director/a o productor/a y convoca a otras para llevar adelante dicho proyecto, esa “cooperativa” ya nació torcida, y más que resolver una necesidad común, viene a cumplir un sueño individual.

Por otro lado, sabemos que nadie es obligado a ser parte de una obra teatral, pero la necesidad que existe en los actores y actrices de estar en un escenario, de realizar esa pasión, suele ser una posibilidad para directores/as, o productores/as, o dramaturgas/os que quieren llevar adelante su proyecto y en su afán de arriesgar económicamente lo menos posible, o lo que posiblemente no dispone, es que invitan a actrices y a actores a ser parte de una “cooperativa”, donde estos últimos no serán tenidos en cuenta en ninguna decisión (mucho menos a la hora de decidir los gastos). Me explico: En una organización cooperativa, la democracia, la igualdad, la equidad, la solidaridad son valores irremplazables, es decir, que cada miembro/a de esa cooperativa, deberá participar de la decisión -en el caso de una obra de teatro- de quien dirigirá, que obra realizarán, días de ensayo, en que invertir y cuanto (vestuario, escenografía, iluminación, sonido, sala, prensa, etc.), y cuanto llevará cada uno -al menos estipular el porcentaje, pero en la práctica no sucede así.

Suele pasar, y muy a menudo, que actores y actrices son convocados a participar de proyectos en donde no se les informa cuanto van a percibir por su trabajo. Pasa que muchas actrices y actores culminan temporadas que realizaron en una producción “a cooperativa” y perciben montos irrisorios por función, pero pocos muestran un balance de ingresos y egresos, que sería lo mínimo en una producción de este tipo. Pasa que en producciones “a cooperativa” actores y actrices son sacados -por el director/a- de los elencos luego de un mes y medio de ensayo y nadie paga por ese trabajo realizado. Pasa que se les exige a actores y actrices trabajar como profesionales y la paga es como aficionado. Pasa que luego que se cubren todos los gastos, con el sobrante, es que se paga el trabajo “cooperativo” de actrices y actores. Pasa que se repite la lógica industrial en el arte -en este caso en el teatro-, el obrero/a-actor/actriz son los peores pagados, sin embargo, sin obrero/a no hay producción como sin actrices y actores no hay teatro. Pasa que producciones particulares que se realizan con fondos del estado, una vez cumplido con la entidad financista quieren continuar con más presentaciones bajo el trabajo “a cooperativa”, lo que lleva a preguntarse ¿Por qué el teatro a cooperativa es una posibilidad sólo cuando no hay recursos económicos? Entonces, lo que se suele llamar teatro a cooperativa, no es más que la repartición en partes iguales o en porcentaje, del sobrante de la recaudación por entrada luego de haberse cubierto todos los gastos, decidido por la persona (a lo sumo dos) apoderada del proyecto.

Estimo que esta situación, la mayor de las veces no es a conciencia, ni mal intencionada, y que cada proyecto sueña con explotar de público y que todas las partes lleven económicamente lo merecido por el trabajo realizado. Pero la realidad nos está demostrando otra verdad, y con ella nos demuestra que los más perjudicados son actores y actrices. Este “teatro a cooperativa” ha ayudado a instalar directores/as, productoras, y proyectos, pero muy poco ha hecho por los actores y actrices. Es más, se está normalizando una forma de precarización laboral, que abre puertas y ventanas a otras formas de explotación, como aceptar cache bajísimos -pero seguros-, no pagos de ensayo, despidos injustificados y sin indemnización, etc. Y no es verdad que es un mientras tanto, mientras se fortalece o desarrolla el teatro nacional, porque ningún sector cultural de un país, que se simiente en la injusticia o en la explotación puede fortalecerse o desarrollarse. No es la precariedad, sino la opulencia.

Vivimos inmersos en un sistema de producción y reproducción de la vida, mediado por relaciones de cambio, a partir de la compra/venta, desde los productos básicos para la sobrevivencia hasta la fuerza de trabajo, y siempre el que compra pretende el menor precio del producto que se vende. En este sentido, cuando se regatea el valor de la fuerza de trabajo, es que entramos en la lógica cruel de la precarización laboral y “la explotación del hombre por el hombre”.

Nos parece importante llamar a esta reflexión, porque a la mayoría en esta pequeña -pero creciente- comunidad artística les toca estar de un lado y luego del otro. Poder hacer consciente esta realidad, analizarla críticamente, a la vez de buscar colectivamente soluciones es lo que hará fuerte, solidario y unido a quienes hacemos teatro en Paraguay. Si se va a hacer teatro a cooperativa, se deberán armar grupos donde tomen decisiones colectivas, se fortalezcan las relaciones a partir del respeto, la igualdad, y la diversidad, donde la posición o el voto de cada ser sea respetado sin importar sexo, edad, religión, trayectoria, ya que se supone están allí por libre decisión y por un mismo fin. Y si no se desea trabajar así, lo cual también es válido, al menos se debiera evitar el engaño que supone el nombre “a cooperativa”, cuando en realidad lo que se está haciendo es una producción sin riesgo, precarizando el trabajo del actor y de la actriz.

 

*Iluminador escénico.

Secretario de Formación Sindical del Centro Paraguayo de Teatro – CEPATE

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