La crítica en el teatro paraguayo actual

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La crítica en el teatro paraguayo actual
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La crítica en el teatro paraguayo actual

Escribir acerca de la crítica teatral y su importancia en el desarrollo de las artes escénicas en un país que ha terminado de anularla completamente en la última década pone el acento en una de las características dominantes de la gestión de la cultura de grupos, agentes y Estado en Paraguay, que es esa práctica cultural nociva que deviene del autoritarismo stronista aún presente como forma particular de gestionar y entender la comunicación, de no aceptar la opinión del otro como un auténtico otro y contestarlo con la conformación de guetos donde el intercambio de elogios y la defensa de las virtudes creativas tienen carácter de dogma.

Esta última década, el avance y dinamismo del sector de las artes escénicas, en particular del teatro, ha sido muy significativo, se han fortalecido o creado nuevas escuelas en el marco también de una industria audiovisual emergente, ese cine nacional de calidad y proyección internacional ha repercutido en una valoración social de actores y actrices, se vio un aumento de proyectos, de grupos, puestas, aumento de público inclusive y también un renovado interés por formarse, tanto dentro del país como en el exterior y que responde a ese reposicionamiento de la imagen del intérprete y del teatro.

En este bullicio creativo, sin embargo, uno de los componentes esenciales de la producción y gestión escénica ha guardado un profundo silencio: la crítica teatral, tanto más necesario en momentos en donde la banalidad parece haberse adueñado de todos los dispositivos de la industria cultural y permeado incluso en los círculos más rigurosos del arte y la cultura.

Una mirada crítica es necesaria porque desde una formación rigurosa contribuye a dar nuevas lecturas a una puesta teatral, expone sus aciertos, atributos y deficiencias, sus contradicciones y ayuda a creadores y público a aumentar el nivel de comprensión estética con un análisis más riguroso más allá del comentario o la publicidad de una obra, que es a lo que hemos estado acostumbrados en los últimos tiempos.  

Leyendo el libro de Teresa González Meyer sobre la experiencia de Tiempovillo, y en especial en el capítulo que habla de la crítica teatral de los años 70, -una década de dura represión de parte de la dictadura-, quedé atravesada con la tristeza de haber perdido en estos años ese “…espejo en donde mirarnos, pensar y reflexionar…”[1], como dice ella y donde menciona que dichas críticas tenían su lugar en los diarios más importantes de la época  y donde intelectuales con una formación cultural muy sólida eran los responsables de escribirlo.

Conversando con Teresa González Meyer sobre una reflexión suya sobre el teatro paraguayo, ella mencionaba que su reflexión y su interés cuando pensaba en el teatro paraguayo giraba en torno a la crítica teatral y a la enorme necesidad que tenemos de esa mirada teórica que pudiera ayudarnos mejorar la calidad de las propuestas y producciones escénicas, y como inicio nos invitó a compartir el capítulo referido del libro Tiempovillo. La utopía y el arte de innovar la escena en Paraguay, para que los interesados pudieran leerlo in extenso y avanzar en la discusión de un tema fundamental que iremos abordando en sucesivos números de la Revista. El teatro nacional previo a la pandemia del COVID-19 quizás se encontraba ya con la madurez suficiente para volver a incorporar la crítica teatral, de manera tan amplia como en aquellos años. “Las críticas de los periódicos llegaban para todos los grupos, los más emblemáticos y los novatos; los de teatro popular, comercial, los grupos profesionales y los experimentales. Y de alguna manera iba ubicando a cada uno en su justa medida[2].


[1] GONZÁLEZ MEYER, Teresa. Tiempoovillo. La utopía y el arte de innovar la escena en Paraguay. Editorial en Alianza. Asunción 2019.

[2] Ibid.

 

LA CRÍTICA DE TEATRO EN LOS AÑOS 70

Capítulo del Libro Tiempoovillo Teresa González Meyer

En la década de los ‘70, cuando Tiempoovillo realizaba sus presentaciones en Paraguay,
existía una crítica de arte en la prensa local que por ese entonces se ejercía sobre todo
desde dos importantes periódicos: La Tribuna y ABC Color, donde críticos, periodistas e
intelectuales de renombre hacían el análisis, la reflexión y la crítica de los espectáculos.
Entre los críticos más recordados se puede nombrar a José Luis Appleyard, destacado
poeta y dramaturgo; Jesús Ruiz Nestosa, periodista, especializado en crítica de arte; Oscar
Trinidad, que desde su columna “El ojo de la crítica” hacía análisis pormenorizados de las
obras; Alcibíades González Delvalle, además de periodista, importante dramaturgo con
numerosas obras; Cesar “Chiqui” Avalos, también del ámbito periodístico, entre otros.
Había además comentaristas ocasionales, intelectuales por lo general, que aparecían
como colaboradores en los periódicos locales.

Las críticas en general –era la costumbre- salían inmediatamente después del
estreno, y había un público a quienes les servía de guía y dependía de estas el asistir
o no. Obviamente, los grupos de teatro esperaban con ansiedad que saliera lo que
“pontificaban”, ya que sus opiniones eran respetadas… Era así. Tenían un inmenso
poder, aunque su línea de acción no llegara a un sector muy amplio. Más que nada
su público eran intelectuales, y gente del mundillo cultural. Pero era de vida o muerte
entre los grupos de teatro contar con una buena crítica, ya que el público de teatro se
guiaba, por estos comentarios.

Contar con una crítica, que contextualice y evalúe la puesta, de manera responsable,
tenía un valor inestimable. Se podía disentir y hasta enfadarse con los comentarios. Pero
permitía reflexionar sobre lo andado; mirarse desde otra óptica y pensar en reparar
errores, buscar otras formas y encauzar el trabajo para próximas puestas.

Las críticas de los periódicos llegaban para todos los grupos, los más emblemáticos y los
novatos; los de teatro popular, comercial, los grupos profesionales y los experimentales. Y
de alguna manera iba ubicando a cada uno en su justa medida.

Es de señalar que los que fungían de críticos eran personas de muy buen nivel cultural. Se
notaba erudición en sus crónicas y sabían de lo que hablaban; se expresaban con
propiedad, arrojando luz sobre el espectáculo en cuestión. Esto hacía que sus juicios
fueran respetados y tuvieran un manto de credibilidad.

También ofrecían información sobre los autores y el elenco, sobre tendencias de los
mismos, además de un análisis del texto, la puesta, etc. El público, necesitado de estas
informaciones, tenía una fuente donde beber.

La diferencia con los tiempos de hoy es esencialmente la accesibilidad que ofrece
Internet, donde cualquiera, a solo un click de distancia, tiene la información sobre Lorca,
Brecht o Cervantes. Y se puede obtener información rápida y veraz. En aquel tiempo, esa
posibilidad no existía.

De todas maneras, lo que mantiene su valor en una crítica, es la interpretación que el
crítico hace de una puesta. Muchas veces se puede coincidir o no con la visión o el análisis, pero son estas situaciones -suscitadas a partir de una crítica- las que avivan las
discusiones y la reflexión sobre teoría y práctica de teatro. Es una práctica sana que
permite enriquecer la mirada de los teatristas sobre su quehacer.

Cuando la crítica no existe, como ocurre en Paraguay actualmente, la práctica de teatro
no tiene espejos donde mirarse, donde pensarse y reflexionar.

Lo que se hace sin la mirada de una crítica especializada, tiene retorno de dos niveles:
Primero: el entorno inmediato de los actores y actrices, donde solo se escuchan halagos
que disimulan lo que no funciona realmente.

Nucky Walder en “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupéry.

Segundo: la crítica de los colegas, que aunque puedan identificar problemas de
comunicación de los actores, el movimiento escénico o de la puesta en general, son en
cierta medida “competencia”, y a veces afloran egoísmos propios de cualquier profesión.
La mirada puede estar “contaminada”.


Al no recibir crítica especializada, frecuentemente las puestas presentan las mismas
deficiencias, sin tener la posibilidad de crecer e ir mejorando. Y es el Teatro – en
mayúsculas- el que pierde. He ahí la importancia de la crítica especializada.

Un análisis pormenorizado que realiza Óscar Trinidad, el 1 de febrero de 1972 en su
columna “El ojo de la crítica”, en ABC Color, puede ilustrar muy bien al lector sobre la
seriedad y el contenido de su columna, una de las más importantes crónicas de esa
época:

EL OJO DE LA CRÍTICA
OSCAR TRINIDAD
NUEVA REALIDAD TEATRAL PARAGUAYA

En cuanto a actividades artísticas, sin duda alguna 1971 fue un año teatral por cuanto
las compañías no comerciales intentaron experiencias de positivo valor que han
movido el ambiente cultural dejando saldos conciliadores. Lo interesante constituye el
hecho que el año actual también pareciera a proseguir el repunte alcanzado en vista
de las declaraciones de distintos grupos y la apertura realizada por “Tiempoovillo” el
pasado mes.

La respuesta del público a estas manifestaciones teatrales, muy diferente a los
acostumbrados espectáculos masivos que desvirtuaban el aspecto estético, es cada
vez más unánime e indicativa de un mejoramiento progresivo y notorio del público en
cuanto a valoración teatral propiamente dicha. La creación de un público teatral es
tarea lenta y difícil, pero había que empezarla de alguna manera. Y esto está
sucediendo aún contra intereses creados. Las reacciones negativizadoras que
durante tanto tiempo han impedido una eclosión realmente teatral están siendo
equilibradas gracias a la continuidad de las compañías que prosiguen una tarea
realmente dura al buscar solo “hacer teatro” sin pensar en elementos taquilleros. Y
son estos grupos privados los que en su empeño posibilitan este movimiento que
difícilmente pueda ser atajado, gracias al impulso vital que es fácil advertir en cada
una de las sucesivas representaciones realmente teatrales.

Y no se piense que al hablar de teatro se prescinde de la risa, como tan
elementalmente alguno razonara. Incluso lo grotesco es parte del teatro. La sátira, la
comedia cómica, la farsa son a veces expresiones de la mejor dramaturgia –valga la
aparente paradoja- como en el caso del tan mencionado Ionesco que toca todos
estos géneros y sobre los que nuestro público pudo apreciar su validez y legitimidad
en el mundo actual.

Lo lamentable resulta que otros aspectos del arte están siendo descuidados por lo
menos en lo que atañe en su contacto con el público (y sabido es que el arte que no
llega a éste no se realiza) (…)

Por todo ello es que instamos a todos los que cultivan alguna expresión estética a
que prosigan una lucha posible, como lo está demostrando la nueva realidad teatral
paraguaya.

Diario ABC Color, martes 1 de febrero de 1972. Columna “El ojo de la crítica” Oscar
Trinidad.

Sobre las obras presentadas por Tiempoovillo mucho se ha escrito, tanto en
Paraguay como en el exterior. Aquí rescatamos parte de lo que señaló la crítica
especializada en su momento:

“De lo que se avergüenzan las víboras” es un gran paso adelante en esta
experiencia teatral que supera los pequeños defectos de “Historia de una muerte
más”, manteniéndose en el ámbito cultural guaraní. Aunque aficionado a la
etnografía me costó comprenderla, tal vez porque se han adentrado muy
profundamente en ese universo cultural con lenguaje simbólico distinto al
occidental. Miré los rostros de la gente joven y vi el tremendo impacto
concientizador que recibieron. Los seres humanos si mantienen la ingenua
sensibilidad de los jóvenes, por más diversas que sean sus culturas y su código de
símbolos, tienen más vivo el sustrato común que los antropólogos llaman las
“generales de la cultura” que les permite comprenderse siempre”.

Miguel Chase Sardi, etnólogo.

“Tiempoovillo es la respuesta a la necesidad de un Teatro Paraguayo. Es un grupo
trabajador, disciplinado y estudioso.

Con “De lo que se avergüenzan las víboras”, Tiempoovillo nos ofrece una
preocupación estética trascendente, conservando en toda su plenitud y
dramaticidad la problemática social indígena”.

Alcibíades González Delvalle.

“…de esta forma el grupo creó su propio ritual, acercando al teatro a una forma de
expresión llena de vida”.

ABC Color – 28 V 73

“Dentro de su tónica de trabajo, Tiempoovillo ha ido en franco ascenso mejorando
notablemente su nivel y su lenguaje expresivo constituyendo un avance en la
vanguardia teatral de nuestro medio”.

La Tribuna.

“Los creadores del espectáculo han visitado y convivido con ciertas parcialidades
indígenas que pudieron mediar entre las dos culturas que no han incurrido en una
reproducción puramente etnológica”.

La Opinión – Bs. As.

“Tiempoovillo entonces funciona en el sinuoso límite de ser los cómplices de la
última apropiación de los bienes del indígena y la valiente denuncia mediante la
exposición, previa elaboración de la tragedia de su destino”.

Diálogo I-73 Nº 24. (De dónde)

“Para mí, en última instancia lo más importante (además de esa representación de
un grupo indígena y del mal que los aqueja) era la aceptación o adecuación al
medio paraguayo, de la corriente teatral que propugna la desmitificación del autor
y la desmitificación de los roles de los personajes. Es decir, este tipo de trabajo
técnico que se hace generalmente de manera muy ortodoxa y copiando,
concretamente “fotografiando”, los moldes de distintas escuelas europeas, acá se
adecuó a una identidad paraguaya. Y eso me parece que es lo que le dio
autenticidad. Aparte te digo de la mostración de un grupo indígena con todo lo que
les aqueja y la adecuación del sistema a las posibilidades reales”.
Entrevista para Diálogo a María Escudero, actriz y directora argentina. VI-73
Nº 28
“La tensión creciente ante un espectáculo que se desarrolla como una danza
continua y entrecortada me hizo sentir toda la angustia de la impotencia y la
vergüenza de estar con los brazos cruzados mirando cómo pasa esto que están
denunciando y todo lo otro de lo que esto es parte. Es de eso “de lo que se
avergüenzan las víboras”? Entonces lo lograron”.

Olga Blinder, artista plástica. 12-VI-73
“Es notable la madurez y la disciplina del conjunto. Los movimientos están
perfectamente estructurados, la elocuencia se obtiene a través de la plástica y con
el mínimo de texto persuasivo y convincente (…) El grupo se maneja a través de
los símbolos y ellos son perfectamente comprensibles”.
Jaime Potenze. La Prensa de Buenos Aires.

EVALUACIÓN DEL AÑO TEATRAL – 1971- “…Todos acordaron en que la mejor
puesta escénica fue del Grupo Tiempoovillo, de carácter fundamentalmente
experimental. La plasticidad de la presentación a más de la novedosa
ambientación, hicieron que por unanimidad los críticos la calificaran como la
puesta escénica más lograda…” ABC Color –El Ojo de la Crítica- Oscar
Trinidad.

“Montar un espectáculo de vanguardia con sentido espacial y de ubicación
integrando el escenario –en este caso algo que recordaba el ring de boxeo- con
los mismos espectadores, es en sí mismo difícil. Y Tiempoovillo supera,
nuevamente, el problema sin caer en repeticiones”. ABC Color –El Ojo de la
Crítica- Oscar Trinidad.